lunes, 1 de octubre de 2007

Pensar en mañana

Por Rubicel González
rub
icel@ahora.cu
El planeta tierra convulsiona, la especie humana se define como un peligro para ella misma mientras no cesa de explotar
indiscriminadamente los recursos a cambio de una mayor contaminación. Gracias a la globalización, eventos climáticos mundiales de intensidad y naturaleza escalofriante son noticia por doquier y evocan el Apocalipsis de “El día después de mañana”; filme de catastrofismo que no dista mucho de un futuro si los países industrializados no cooperan con seriedad y voluntad para minimizar consecuencias.

Numerosos indicios y comportamientos prueban que desde la mitad del siglo pasado el clima terrestre empezó a padecer alteraciones y cambios con tendencias periódicas y cada vez más acentuadas según la localización geográfica. Así, observaciones arrojan un incremento en los últimos cien años de 0.74 grados Celsius de la temperatura global y en 17 centímetros del nivel del mar. A la lista se añaden sequías y precipitaciones prolongadas, derretimiento de hielos polares y cambios de salinidad en el océano.

Cabe entonces preguntarnos, a la par que reflexionamos y tomamos parte, qué es el cambio climático y quién es el responsable de que su amenaza impacte generaciones venideras. La primera interrogante no necesita de un concepto rebuscado, la podemos definir como: respuesta de la naturaleza a la creciente y sostenida contaminación ambiental con gases de efecto invernadero, que el hombre ocasiona sobreexplotando los recursos naturales.

La segunda pregunta podríamos darla por sentada, infiriendo al hombre como responsable, pero de esta raza la culpa recae en países desarrollados y transnacionales cuya política de consumo satura la atmósfera de dióxido de carbono y aerosoles antropógenos, protagonistas también de la abertura en la capa de ozono.

Durante varias décadas, con los Estados Unidos a la cabeza, la mentalidad capitalista rebatió las hipótesis del calentamiento global por mano propia. El protocolo de Kyoto, que basa sus páginas en el compromiso de reducir las emisiones contaminantes, también fue un peldaño en blanco por el Imperio.

Hace apenas unos meses, la descabellada idea de producir biocombustible, se mostró en manos imperiales como el pretexto perfecto para preocuparse por el medio ambiente. Otra hipocresía que nada se interesa por las naciones más pobres y necesitadas, cantera donde surge la materia prima y luego sufren sus consecuencias económicas, sociales o ecológicas.

Habría que preguntarle a sus “tanques pensantes” cómo piensan resolver el problema de la alimentación en los países subdesarrollados, éstos, dependientes de productos vitales para su dieta como el maíz. Qué harían del incremento y escasez de otros, la limitación de las áreas de cultivo; así como la garantía de no contaminar la atmósfera con plaguicidas utilizados para incrementar rendimientos?. La verdad se deja caer con todo el golpe de quien tiene el poder de manipularla, por eso muchos permanecen ciegos o pasivos.

Nuestro planeta azul se halla en una etapa determinante para la vida en próximas centurias. El incontrolable aumento poblacional que supera los 76 millones de habitantes por año, necesitará fuentes sustentables de energía y alimentos, realidad cada vez más difícil producto a los cambios que el clima ya nos muestra.

Cuba es un ejemplo de lo que puede hacerse en materia de energía, como dijera Fidel. La búsqueda de fuentes alternativas de energía limpia, la disminución de cargas contaminantes, aerosoles y el ahorro de combustible fósil son algunas de los resultados que el primer mundo debería implementar.

A pesar de los esfuerzos que en los últimos años se han desarrollado para frenar o mitigar las consecuencias del cambio climático, hoy efectos importantes de envergadura ecológica se observan en el continente americano.

Los glaciales de los Andes se derrite y la Amazonia pierde sus bosques hasta abarcar el 18 por ciento cuando termine este siglo; muchas especies podrían extinguirse y en Cuba los efectos incidirían ante todo en la agricultura con variaciones en los períodos lluviosos y secos. De ahí que, una de las medidas planificadas, sea la utilización de variedades más resistentes a la inestabilidad del clima.

Urge entonces salvar la especie humana, que el mundo tenga equidad y desarrollo por igual y su conocimiento científico y tecnológico no se convierta en el instrumento de destrucción puesto en manos de los ricos y poderosos. Es necesario, como dijera Fidel en la cumbre de Río en 1992, que “…Cesen los egoísmos, cesen los hegemonismos, cesen la insensibilidad, la irresponsabilidad y el engaño. Mañana será demasiado tarde para hacer lo que debimos haber hecho hace mucho tiempo”.

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